Del Monte Carmelo a la Reforma Teresiana: nueve siglos de oración, fraternidad y misión.
La familia carmelitana nació en Tierra Santa, junto a la fuente de Elías, en torno a un estilo de vida evangélica marcado por la contemplación, la fraternidad y el trabajo.
La Orden del Carmen nació cuando peregrinos y ermitaños de Occidente, atraídos por Jesucristo, se establecieron en las laderas del Monte Carmelo para vivir en obsequio del Señor.
Tomaron como referente espiritual al profeta Elías y dedicaron su iglesia a la Virgen María, reconocida como Patrona y Señora del lugar. Este origen eliano-mariano marca hasta hoy el corazón del carisma carmelitano.
Entre 1206 y 1214 recibieron de San Alberto de Jerusalén una forma de vida. Dicha forma fue aprobada por Honorio III (1226), confirmada por Gregorio IX y establecida como Regla por Inocencio IV (1247).
“Vivir en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia”.
En el siglo XVI, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz impulsaron una renovación profunda de la vida carmelitana, recuperando la austeridad, la oración y la centralidad de Cristo.
Siglo XVI
Inició la reforma en Ávila y promovió comunidades centradas en oración, pobreza evangélica y vida fraterna.
Siglo XVI
Consolidó la reforma con una doctrina espiritual que sigue orientando el camino de unión con Dios.
Hoy
La Orden continúa sirviendo a la Iglesia con la riqueza de su tradición contemplativa y su fecundidad apostólica.