Un pequeño colegio de Cristo dedicado a la oración y a la fraternidad.
La Regla albertina invita al Carmelo a vivir continuamente en obsequio de Jesucristo: una existencia ofrecida a Dios en fidelidad, fraternidad y servicio.
El seguimiento de Cristo enraíza nuestra vocación en la comunión fraterna, en la búsqueda del rostro de Dios y en la solidaridad con el pueblo. Por eso, la vida carmelita integra silencio, oración litúrgica, trabajo y corrección fraterna, en actitud de servicio mutuo.
Los fundamentos vivos de esta vida son la Palabra y la Eucaristía. En la Palabra escuchada, orada y vivida, somos conducidas cada día a una unión más íntima con Cristo. En la Eucaristía, somos llamadas a ser un "pequeño colegio de Cristo", reconciliadas por la caridad y disponibles para la misión de intercesión por toda la Iglesia.
La oración continua, la lectio divina y el silencio interior sostienen nuestra vocación contemplativa.
María, Madre y Decoro del Carmelo, es modelo de escucha, pureza y disponibilidad a la Palabra de Dios.
Como Elías, buscamos al Dios vivo y verdadero para dar testimonio de su presencia en medio del mundo.
Sintiéndose parte viva del corazón de la Iglesia y del mundo, la monja carmelita ofrece su experiencia claustral con gozo, acogida y oración por todos.
Fiel a la tradición del Carmelo, vive el ardor de la oración y del celo apostólico en clave profética. Cada monasterio viene a ser como un cenáculo donde, en compañía de María, se implora la acción del Espíritu Santo para la Iglesia.
Palabras de nuestras hermanas sobre su camino vocacional y la alegría de servir al Señor.
Testimonio I
"Hola, mi nombre es Marisa del Espíritu Santo; soy peruana y llevo años en el monasterio". Su historia vocacional nace en una relación temprana con el Señor, crece entre estudios, búsqueda y discernimiento, y culmina en una entrega total cuando, tras pedir luz con insistencia, descubre su llamada al Carmelo.
Después de una larga etapa académica y profesional, recibió una orientación providencial hacia un monasterio en España. Ella misma resume su camino así: Dios no dejó de sostenerla en pruebas, dudas y tribulaciones, confirmando su vocación en lo concreto de la vida cotidiana.
Hoy vive su consagración con alegría, amor a la Virgen María y servicio de intercesión por la Iglesia. Su convicción final permanece intacta: "Él es Dios. Jesús no se equivoca".
El Ideal
La carmelita, fiel al carisma recibido, presta un servicio inestimable al pueblo de Dios desde la clausura: oración litúrgica, escucha orante de la Palabra y testimonio de vida fraterna.
A semejanza de Elías y en íntima unión con María, su vida busca la unión con Dios en Cristo para sostener, desde el silencio, la misión de la Iglesia en el mundo.
"El amor de Dios y el amor de criatura son opuestos; es preciso ir limpiando el alma del amor de criatura para que la gracia la embista y llene de amor divino." — San Juan de la Cruz
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